domingo, 21 de diciembre de 2014

Mensaje 50

Ella siempre lo contó como si no le importara.
- No estoy enamorada. - Repetía, una y otra vez. - Lo que pasa, es que entre nube y nube, me arreé una hostia de cuidado.
Pero en el viaje, he aprendido algunas cosas que puedo compartir contigo:

Uno: Mis principios pueden más que mi comodidad.
Dos: Una mandarina nunca será una naranja. Por mucho tiempo extra que le des para crecer.
Tres: Al preguntar por algo, ya estás cambiando la respuesta. Tanto si es para bien, como si es para mal.
Cuatro: El arte y los cronómetros son incompatibles. Casi como tú y como yo.
Cinco: Cuando te lo propones, me sacas tanto de quicio, que podría matarte lentamente sólo con una aguja de coser. Y no lo hago, porque te echaría de menos.
Seis: Los tríos suelen ser mala idea. Sobretodo, si el tercer elemento es el miedo.
Siete: Si dices NO, entenderán NO. Aún no he conocido a nadie que pueda leer tu mente. Que sepa, que estás diciendo lo contrario de lo que sientes. Porque estás acojonada.
Ocho: Es difícil vencer a la que nunca se da por vencida.
Nueve: El tiempo no parará por ti. Estar perdida, también es un camino.
Diez: Enamorarte de alguien, sin ser capaz de decírselo (ni de decírtelo a ti misma), es como tomarte un buen vino en vasos de papel.

Efectivamente, ella era una buena teórica. De las que se precipitan: sólo mentalmente.
Y hablaba usando metáforas. Dando por hecho que ibas a entenderla.

Pasó mucho tiempo, soñando con hacer las cosas. Sin el valor para hacerlas.
Encarcelada. En una cobardía plantada por su padre. Y regada por su madre. Con un número intelectual perfecto para sus calcetines desconjuntados.
Incomprendida por todos. Y por ella misma.

Aprendió mucho. Tal vez, demasiado.
Hoy en día. Ese cautiverio, es el aval a sus consejos.

Cuentan las malas lenguas, que todo empezó porque tuvo un sueño. En el que podía iluminar la oscuridad.
Y que, como las locas. Se lo creyó.

Podrán tacharla de muchas cosas, pero nunca de abandonar una idea en la que cree.
La cobijó bajo las sábanas.
Como si se tratara de una mariposa y su crisálida. Que cada noche, también sufría una transformación.
E irremediablemente, sus alas crecieron siempre un poquito más.

Durante años. Crímenes cometidos.
Bajo la irresponsabilidad de ser ella misma, en un mundo de títeres.
Miraran dónde miraran. Siempre era la culpable.
Porque había visto el telón que rodeaba el mundo. Y no encontraba excusa para defender, su rechazo a actuar.

A escondidas, a veces yo la observaba. Y el panorama en general, me daba lástima.
Otras veces, he creído que tiene un secreto tan poderoso en su interior, que sentía envidia.
Aquella envidia de pensar que bajo su mirada. Tan cansada como sobrada. Esconde una fortaleza que pocos conocen.

Sólo con mirarla, me enseñó algo:
Un día, inexplicablemente, todo empieza a encajar sin mover un dedo.
Y entiendes que, al fin y al cabo, puede que sí exista el destino.

P.D.:
Las letras de este escrito buscaron el amor. Pero no lo encontraron.
Ya desahuciadas y con pocas esperanzas, (quizás porque salían de mi boca), se imantaron formando palabras.
Y las palabras, intentaron dar sentido a esto que siempre quise, pero nunca atiné a decir.

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