martes, 17 de junio de 2014

Mensaje 45

Si me preguntaran, cuál creo que es una de las mayores enfermedades de nuestro tiempo, no tendría que pensármelo demasiado.
Respondería, sin pestañear, que es el llamado Síndrome del
decimos ser...pero no somos

Supongo que podría ser algo que viene generado por la constante frustración de no ser perfectos.
Y debemos ser como nos han dicho que seamos.
Porque han perfeccionado tantas personas, para ser usadas como referencia...
...que nos lanzamos al vacío de la imitación, sin leer la letra pequeña:
ese aviso al final del papel, que nos advierte que, cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.
Pero nos da igual. Fingimos no haberlo leído. Nos lanzamos. Con todas las consecuencias.
Y así, degeneramos irremediablemente, hacia la mentira.

Si. Es obvio.
Echa una ojeada. Y verás.
La verdad, es que hay mucha falsedad.
Muchas máscaras.
Muchas mentiras.

Miro alrededor y veo incongruencias - hipocresía- en cada rincón.
Veo gente que generaliza el uso de la palabra deportividad, para referirse a una actuación correcta y educada
pero luego, veo la misma gente creando peleas en la calle, a causa de un partido de ese deporte llamado fútbol.
Veo curas que dicen defender los derechos y la felicidad de las personas
pero que condenan a las mujeres que luchan por su derecho al aborto.
Veo policías que dicen llevar con honor, el uniforme de la protección al pueblo
pero luego cargan contra los que luchan por y para el pueblo, siguiendo órdenes de los que, van en contra del pueblo.
Veo políticos subidos en una tarima, micrófono en mano. Como si fueran el mismísimo Mesías. Defendiendo la vida digna para todos los ciudadanos
pero a la hora de la verdad, están mirando hacia otro lado. Demasiado ocupados intercambiando nuestros supuestos sueldos, en sobres con ribete dorado. Como si fueran los cromos, que les faltan para completar su álbum.
Veo a chicas que se manifiestan en contra del sexismo. Tan modernas nosotras. Tan revolucionarias
y por la noche, no dormimos pensando en todos los defectos físicos que deberíamos corregir de nuestros cuerpos, para ser queridas por nuestro príncipe azul.

Y sobretodo, me duele ver como las personas creemos ser las únicas en el planeta. Como si no tuviéramos suficiente con herirnos, degradarnos y matarnos unos a otros. Herimos, degradamos y matamos a los demás seres, con quienes compartimos territorio.
No sólo eso. Sino que, en la mayoría de casos, ni los percibimos como seres.
Sino, como mercancía.
Me duele ver como estamos programados para pensar que podemos saciar nuestra "gula de", sea cual sea el coste.
Y me arde el estómago.

Me estoy refiriendo a esas joyas que se encuentran al margen de nuestros juegos de rol.
De esas naciones diferentes a la nuestra.
Y que tan perjudicadas se han visto a lo largo de los tiempos.
Por nuestra culpa.

Pero, no dramaticemos. Son sólo animales.
No sienten como nosotros. No son iguales que nosotras.

Aunque lo cierto es, que hay mucha discriminación en el asunto.
Porque, ni por esas. Tampoco solemos clasificar a todos los animales por igual.
Sino por la utilidad que nos proporcionan.
¿No crees?

Imaginemos.
Vamos paseando tranquilamente por la calle, y vemos a alguien dándole una paliza a otra persona.
Dime, ¿cómo reaccionaríamos?
Casi seguro que nos escandalizaríamos. Sentiríamos miedo.
Intentaríamos impedirlo. Llamaríamos a la policía.

Ahora. Imagina.
Vamos paseando tranquilamente por un parque, y vemos a alguien pegando brutalmente a un perro con un palo.
¿Cómo reaccionaríamos?
Probablemente, nos escandalicemos. Puede que intentemos impedirlo, mientras juzgamos negativamente a esa persona.
¿Cómo puede alguien tratar así de mal a un pobre animal inocente? Con la compañía que nos hace. Con lo buenos que son con nosotros. 
Menudo desalmado.
Quizás, en un arranque de ira, incluso llamemos a la policía.

Una vez más. Imaginemos.
Estamos viendo la televisión, y muestran como un torero clava las banderillas a un toro.
¿Cuál sería nuestra reacción?
En la mayoría de los casos, sentiríamos frustración. Nos preguntaríamos cómo puede alguien de nuestra especie, ser tan cruel.
Nos avergonzaríamos.
Soltaríamos algún que otro insulto, entre mordisco y mordisco a nuestro filete de ternera.

Y ya. Por último. Imagina.
Vamos paseando tranquilamente por una granja, y vemos a alguien cortando el cuello a un cerdo.
¿Cómo reaccionaríamos?


Excusas:
Cadena alimenticia.
- Aunque granjas y criadores, estén fuera del círculo natural. Sean artificiales. Y por tanto, no puedan entrar dentro de esa cadena, detrás de la que nos resguardamos -
Excusas:
Un animal es sólo un animal. No siente como un humano. 
- Aunque la biología y la anatomía, nos enseñen que aunque ellos, no puedan resolver un problema de física -yo tampoco puedo- si comparten nuestro deseo de vida y evitación del dolor -
Y más excusas.


Cualquier cosa para justificar nuestra crueldad.
Nuestra hipocresía.
Cualquier cosa para no admitir
Si. Mi egocentrismo me lleva al punto de herir y matar a un animal, por el simple placer de su sabor. 
Pero no quiero saber que puedo sobrevivir sin comerlos. 
No quiero saber que hay alternativas.
Y sobretodo, no quiero saber ni ver mucho del proceso de matanza.
No vayas a fastidiarme la cena.

Cualquier cosa para evitar la realidad.
Porque sino, deberíamos aceptar nuestra falsedad.
Y ya no podríamos decir ser, porque sería demasiado evidente, que no somos.

2 comentarios:

  1. Hay que conocerse a uno mismo para liberarse de las imposiciones sociales, y ser valiente. Besos.

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    1. Toda la razón, Ernest.
      Sobretodo, es necesaria esa valentía, que muchos no sabemos encontrar.
      ¡Mil gracias por tu comentario!
      Y perdón por la tardanza...
      Estuve ausente, pero ya volví.
      ¡Un abrazo!

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