viernes, 31 de enero de 2014

Mensaje 32

Aún no es necesario que os cuente quién soy.
Sólo debéis saber por qué estoy aquí.

Hace ya demasiado tiempo perdí mi imán.

Si si, un imán.
Ya sabéis, una de esas piezas con un campo magnético tal, que puede atraer o repeler a otros cuerpos magnéticos.
Lo llevaba conmigo...y de pronto, pam, ya no lo tenía.

No me gusta demasiado pedir ayuda ajena. 
Pero ya he agotado todas mis ideas de búsqueda.
He mirado a los pies de mi cama. Bajo el felpudo de la entrada. Y dentro de la cafetera.
Estuve a punto de congelar mis dedos rascando la escarcha del frigorífico, y de cocerlos bajo los fogones de la cocina.
Busqué en los diccionarios. Y en los cuentos de mi infancia.
Incluso, allané el buzón del vecino imaginario que vive en el piso de arriba.

Pero ni por esas.

Ni rastro.
La verdad, no sé qué más podía haber hecho.

Tras poco pensarlo, decidí que debía activar el protocolo de medidas desesperadas.

Si tenía alguna mínima oportunidad de recuperarlo, sería gritándolo al mundo.
Era necesario avisar de la desaparición a cualquier ente terrestre.

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