viernes, 13 de diciembre de 2013

Mensaje 14

Nada más nacer fue maldita por una bruja.
Cayó sobre ella un conjuro que le impediría acercarse al mar. Una simple gota de agua salada la convertiría en un precioso puñado de perlas marinas.
Así creció. Sin pensar en la posibilidad de estar perdiéndose una de las maravillas y mejores placeres de la Tierra.
Nunca echarás de menos aquello que desconoces.

Con los años, fue recogiendo los comentarios que escuchaba sobre el mar.
Al principio eran inofensivos. Pero poco a poco fueron creando un sentimiento de curiosidad que evolucionó hasta convertirse en un ferviente deseo.
De repente, un día, sin saber porqué, ya no podía aguantar más. La sensación de estar perdiéndose algo profundamente valioso, fue más fuerte que cualquier otra cosa.
No recuerdo qué día fue, ni a qué hora exacta.
Lo importante es que la niña convertida ya en mujer, pisó la arena de playa por primera vez.
Recorrió unos pocos metros hasta llegar a las rocas. A tan sólo medio metro del agua. Y allí se sentó. Sola. En silencio. Escuchando una de las mejores músicas jamás creadas. El romper de las olas.
En ese momento no importaba nadie. Sólo existían ella y el mar.
Respiró hondo y se despidió del mundo.
Sabía qué iba a ocurrir en cuanto se rindiera al mar.
Cerró los ojos. Mojó un pie. Y poco a poco se sumergió.
Esperó el momento de desaparecer.

Pero ese momento no llegó.
Nadó y disfrutó del agua durante horas.
Cuando volvió a sentarse en las rocas, apareció la bruja que años atrás había hechizado a la inocente niña.

No me he convertido en perlas. Dijo la mujer.

La bruja se sorprendió ante la alegría de la mujer.
Cierto. Pero has vivido muchos años lejos de este lugar por miedo a mi hechizo.
¿Qué mayor castigo que renunciar tantos años a este placer por miedo a arriesgarte?
¿Qué mayor castigo que ser vencida por el miedo?

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